INTRODUCCION

En el arte habita la historia. Guerras y conquistas han sido registradas en los lienzos. Los reyes poderosos y temidos perduran con sus rostros en museos y entre los libros. Alguna clase de vida cotidiana debió consignarse también de este modo. Un niño jugando, un campesino a caballo o labrando el campo, revoluciones más íntimas, seguramente inspiraron la percepción de los artistas, y fueron asimiladas como momentos o impresiones que cautivan a quien percibe, haciéndolas valer como arte, como algo bello.

La mujer, integrada en un paisaje musical, con su forma y expresión: las manos al piano, con sus piernas imitando el contorno de un cello;  la mirada seria de un preludio o la risa de una danza festiva; todo integrado en un espacio de música y pintura. Que nos obliga a cuestionar el por qué un artista

Declara y trasciende la imagen – y en el transcurso de este trabajo, la “imagen” hace alusión a una obra pictórica, en la mayoría de los casos - de una mujer que empuña un arma con ideales de libertad  y de patria, así mismo con fiereza. La sutil silueta  de aquella dama que empuña una lira.

Es bella la idea de contar con un catálogo de representaciones  de todas las épocas que ilustren como la mujer participó y participa en la creación, apreciación e interpretación de la música. Se mostraría, sin inclinaciones ideológicas extremas que la melodía existe indiferente del género y que por supuesto también tiene colores.