CONCIERTO PARA UN LIENZO
La algarabia multicolor de un festejo en el campo. El brillo en cada recodo del gran salón de la Ópera. El retrato del genio, creador de sinfonías. El ciego que con una guitarra dibuja una posible ruta y grita un dolor. Las lineas que van vienen, se cruzan se separan, se hacen Jazz. La lección de banjo. La muerte que aruuya con un sutíl violín. Al artista que bien desafió la nada tantas veces.
Todo el gozo y la pena, vertidas en tantas melodías, toman formas y color. La batuta guía al pincel en el concierto para un lienzo. Y la música sigue su línea infinita gracias a quienes la pintaron y la pintan.
Un cuadro que sea un vals, una canción de cuna, un swing, una sinfonía, una suite dodecafónica. Otro que sea un creador reconocido o un don nadie. Esa será la busqueda, artistas, que de la música escucharon luces y sombras. Que pintaron los rostros de los súbditos - o reyes, según sean vistos por cada cual - de la belleza y la inspiración.
Sergio Gil Castañeda